jueves, 31 de mayo de 2012

UN GRITO DESDE ADENTRO





Palermo es inexplicable, como esta alegría que se siente tan lejos de nuestra patria y de nuestra gente. Palermo es un genuino producto argentino, el tipo que se les planta de frente a sus propios demonios, que no le teme al ridículo, que sube a la Torre Eiffel y flamea la celeste y blanca, que va a Londres y grita el que no salta es un inglés, el que reduce a la nada lo que para el resto es imposible.

Un camino desde la facultad hasta el hogar que se debe transitar, luego de terminar temprano una cursada. Recuerdo que debido al acontecimiento que se daba ese día, se nos otorgo esa opción. El trecho se hace largo, más de lo común. Las cuadras se extienden, y los autos parecen haberse multiplicado en las calles.
Llegada a destino, un edificio de 9 pisos. La puerta se abre, dentro del departamento mi mamá y mi abuela, que estaban de visitas.

-         ¡Pensé que lo veías en lo de los chicos!, dice mi madre
-         ¡No!, lo veo acá es cabala. Digo apurado por poner el canal que transmite el partido.

Si ese simple motivo fue el que hizo que llegue tan apurado a casa, es el último partido de la fase de grupo del mundial de Sudáfrica, nos toca Grecia un rival accesible pero no quiere decir que el encuentro sea un trámite. La Argentina ya había ganado los otros dos y solo teniendo muy mala suerte quedaríamos afuera del mismo, ya estábamos con un pie en octavos.
Recostarme  en el sillón, en el cual vi los dos primeros encuentros y de esta manera se convirtió en una de las tantas cabalas. Maradona plantó un equipo con varios suplentes, sabiendo que era un partido que se podía ganar tranquilamente, pero eso no quitaba que la gente siga con esa expectativa y esa fe puesta en los jugadores, ya que bajo la dirección del Diego había provocado en la gente una nueva ilusión de conseguir la tercera copa del mundo.
Mamá acerca un mate el cual tomo rápidamente, y comienza a preguntarme como estuvo la facultad, le respondo rápido ya que la ansiedad puede más. Lo bueno es que estando Ella el mate no ha de faltar. Escucho que habla con mi abuela, pero no le doy importancia ya que la concentración esta puesta en el gran evento que esta por comenzar.
Empiezo hacer señales de la cruz y suplicarle a Dios en la cabeza, todo un ritual para muchos puede parecer exagerado, pero ante los ojos de los amantes del fútbol es algo normal.
Se inicia el juego, la cabeza sólo puesta en él. Mientras tanto mi mamá y mi abuela guardan silencio por un instante y luego comienzan hablar pero esporádicamente, saben lo que es para un argentino mirar fútbol y todo el ritual que conlleva.
Los minutos corren, al igual que los mates que ceban. Entre los nervios y los mates es imposible comer las galletitas que ofrecen. Estando ellas, vivo como un rey, ya que me atienden como si fuera un niño, cocinan, lavan en simples palabras hacen los quehaceres, cosa que aprovecho ya que al irse vuelvo a estar solo y hacer todas las cosas por mi cuenta.
Pasa el primer tiempo sin sobresaltos, y da comienzo el segundo y último. Ahora si el cuerpo empieza a sentir otra sensación pero esta vez es una ansiedad mezcla de nerviosismo, más todavía cuando escucho a los relatores decir que se viene un cambio y que va a ingresar Higuain.

-         ¡Nooo!, si entra Higuain no va a entrar Palermo. (grito desconsolado)

Pero al segundo escucho que es una equivocación, que el que va a ingresar es Pastore y de esa manera mi alma vuelve al cuerpo. Pero 5 minutos mas tarde llegaría ese momento inolvidable.
Martes 22 de junio, jamás voy a olvidar ese día, el día que un país entero se unió en un solo grito.
Anuncian el cambio que se viene, el cuerpo empieza a temblar, el corazón comienza a latir cada vez más fuerte y dentro de mí tengo una mezcla de cosas. Ganas de llorar, reír, saltar, cantar ya no se lo que siento solo se que no es un sueño. Ahí veo que entra Él, Martín Palermo mi ídolo, mi héroe y el de miles de bosteros.
Bajo la emoción que invade  y el clima de alegría que recorre a la Argentina de punta a punta, no logro escuchar lo que dicen mi mamá y mi abuela, solo miro temblando el televisor y agradeciendo a D10S, si a ese D10S, el de todos los argentinos.
Por dentro solo pido que haga las cosas bien, y en ese momento recibo el mensaje de una amiga diciendo: “ahí tenés ¿debes estar contento no?”, el cual respondo como puedo.
Minuto 88 del segundo tiempo, un remate de Messi que tapa el arquero griego el cual da el rebote para el lado izquierdo del área, y ahí en ese momento el corazón se paraliza. Veo al hombre vestido de azul con la 18 en su espalda, que remata el balón y lo pone junto al segundo palo. No escucho nada, ¿fue gol?, pienso en milésimas de segundo, ¿lo grito?, ¿es verdad?. En ese instante oigo al relator gritar gol. Pego un salto gritando gol con todas las fuerzas, y caigo arrodillado enfrente al televisor (lo mismo hice en gol que le convirtió a Perú bajo la lluvia por las eliminatorias), no puedo explicar como hice para hacer eso, pero lo hice. Mi mamá y mi abuela se levantan de sus sillas al mismo tiempo gritando y levantando los brazos, quizás sintiendo la misma alegría que corre dentro mi.
Gritando y apretando los puños con los ojos cerrados y llenos de lágrimas descargo toda mi alegría enfrente a la tv, comienzo a saltar por todo el departamento exclamando miles de palabras de aliento y de elogios hacia mi héroe.

-         ¡Que grande que es!,  ¡Dios!, es el mejor siempre esta, siempre aparece. (grito mientras corro de un lado a otro).

De tanta euforia que corre por mi cuerpo no veo el festejo, solo veo una y otra parte de mi departamento, mi madre me mira sonriente al igual que mi abuela, que sienten felicidad por verme así. Sin dudas Palermo es especial, no solo por convertir el gol sino por provocar un sentimiento en la gente que muy pocas personas pueden hacerlo. A todos hace bien sus logros, no importa la camiseta que defiendan, Martín traspasa esas fronteras, su ejemplo de vida, siempre luchando incesantemente ante todas las trabas que el destino le puso delante y que pudo superar. Todo eso hace que sea el goleador del pueblo, el que la gente pide.
Con 36 años, en su primer mundial y con tan solo 10 minutos en cancha le basto para marcar un gol. Además de hacer feliz a todo un país, logró convertirse en el jugador más veterano en hacer un gol en una copa del mundo. Otro record del hombre record, del optimista del gol, apodo puesto por Carlos Bianchi que lo bautizo de esta manera en su paso como DT en Boca Juniors. Luchando sin perder la ternura jamás. Capaz de levantar milagros con la punta de su botín y agitando los colores nacionales.
-         Fue como si todos los argentinos hubieran hecho el gol conmigo. Dijo el goleador al término del partido.

Todos fuimos Palermo. Palermo mas diez. Palermo mas 35 millones. Todos metimos ese derechazo certero. Todos gritamos con él. Con ese San Martín que logró las más grandes hazañas. Martín el de los milagros. Martín Palermo, el hombre que todo lo puede.

-         Esto es único, es impagable. Le voy a agradecer siempre a Diego, al cuerpo técnico, que confió en mí, sabiendo que hay figuras delante mío. Expresó Palermo ante un periodista argentino, emocionado, casi hasta las lágrimas. 

No puede Messi, no puede Milito, no puede nadie. Pero nada puede contra Palermo. Es inmortal, es histórico, es invencible. En ese abrazo rabioso con Messi, un nuevo abrazo místico con Diego, es un hacedor de milagros, la fe caminando en una cancha de fútbol. Sudáfrica de rodillas: a la pelota que nadie puedo dominar, Martín la domó de prima con su pierna menos hábil. Y a la red. De vez en cuando Dios se acuerda de un país que está por caerse del mapa. Elige un tipo y tac, lo toca, lo hace divino. Te alabamos, San Palermo.
Cita textual de una nota escrita por el periodista Leo Farinella, declarado hincha de River, pero en sus palabras deja atrás sus colores. Palermo logra eso, no importa el color del corazón de cada argentino, con su gol unió a todos los hinchas de los clubes de la Argentina.
La leyenda continúa. Debutó en un Mundial, su sueño de toda la vida, y convirtió un gol…¡de derecha!. Emociono a todos con su festejo. Otro capítulo para su vida de película.

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